Fundadores

SAN ANTONIO MARÍA CLARET

 

San Antonio María Claret Arzobispo y fundador de diversas misiones.

Nació el 23 de diciembre de 1807 en Sallent (España). Trabajó en la industria familiar y para perfeccionarse pidió a su padre que le permitiera ir a Barcelona, donde la industria estaba atrayendo a numerosos jóvenes. Allí se matriculó en la Escuela de Artes y Oficios de la Lonja. Trabajaba de día, y de noche estudiaba.

Ingresó en el seminario de Vich y fue ordenado sacerdote en 1835. Fue párroco de Sallent y Viladrau. En 1851 fue arzobispo de Santiago de Cuba, cargo al que renunció en 1857.

Fue nombrado confesor de la reina Isabel II a la que acompañó a París durante su destierro.

Participó en el Concilio Vaticano I. Claret quiso dejar la corte pero el papa Pío IX le pidió que continuara al lado de la reina.

Participó en fundaciones de congregaciones religiosas, en especial los Misioneros Hijos del Corazón de María, más conocidos por Misioneros Claretianos.

Antonio María Claret falleció en Frontfroide, Francia el 24 de octubre de 1870, día en que celebramos su fiesta. Fue canonizado por Pío XII el 7 de mayo de 1950.

JULIÁN   COLLELL   GUIX

 

Fundador de las Misioneras Cordimarianas

 

Nació el R. P. Julián Collell y Guix el 4 de diciembre de 1868 en Santa María de Corcó, de la Provincia de Barcelona y Diócesis de Vic. Ingresó en el Colegio de San José en la ciudad de Vic.  Allí cursó Humanidades y sus estudios superiores con notable aprovechamiento.

Ingresó a la Congregación de Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María el 5 de octubre de 1885, hizo su profesión religiosa el 26 de enero de 1887 y cinco años más tarde, el 17 de diciembre de 1892 y en la ciudad de Victoria, recibió la ordenación sacerdotal.

Después de ejercer en España durante 10 años los cargos y ministerios de coadjutor y profesor, en Aragón; ministro en Selva del Campo y Gracia y Predicador en Sabadell, fue destinado a México el 26 de noviembre de 1902, para integrarse a la comunidad de Jesús María, en la capital de la República. En octubre de 1906 fue destinado a la ciudad de Puebla.

Su delicada salud no le permitía dedicarse a las misiones, que era el ministerio principal que atendían los Padres de la Provincia, pero se consagró con tal constancia y fervor a la enseñanza del catecismo, que, a su muerte se dijo, no había habido en la Congregación otro que hubiera cultivado dicho apostolado en iguales proporciones.   Con su celo y abnegación logró comunicar tal vida a la obra del Catecismo, dirigida por él, que gran número de niños se acercaban diariamente a recibir a Jesús Sacramentado, debidamente preparados.  No se contentaba con atender a los niños que asistían al templo; iba también en busca de los que vivían abandonados en los arrabales de la ciudad, llegando su apostólica solicitud hasta los pueblos vecinos.

Y esa preocupación fue la que dio origen a la fundación de las Misioneras Cordimarianas, que fue la obra grande del P. Collell y de la Madre Carmen Serrano y Rugama, que tanta gloria había de dar al Corazón de nuestra Madre y a nuestra Provincia Mexicana.  

Su carácter era algún tanto seco, férreo e indomable, intrépido y tenaz, muy apasionado por su profunda piedad, amor a Jesús y al Corazón Inmaculado de María. Su celo por la gloria de Dios y la salvación de la humanidad no conocía límites y su ideal fue reproducir en sí mismo el retrato del Misionero tal como lo dibujó San Antonio María Claret. A pesar de su enfermizo organismo, era también muy vigoroso y tenía declarada la guerra contra la ociosidad y la tibieza.

Entró a la casa del Padre el 26 de mayo de 1937 en Toluca, Edo de México

MADRE CARMEN SERRANO Y RUGAMA

Fundadora de la Congregación.

Nuestra Fundadora, Madre Carmen Serrano y Rugama Nació en Puebla de los Ángeles México, el 8 de noviembre de 1875. Allí, siendo catequista en el templo del Señor de los Trabajos, iba a los barrios más alejados a buscar niños para que ninguno se quedara sin conocer el Amor de Dios. En uno de esos recorridos, un jueves de Corpus del año 1913, al entrar en la capilla del barrio de San Matías a hacer oración en presencia de Jesús Sacramentado, recibió la inspiración de fundar una Congregación de Misioneras Catequistas que fueran por todo el mundo a anunciar la Buena Nueva de Jesús.

Carmelita, como cariñosamente la llamamos, fue una mujer sencilla, humilde, trabajadora de una profunda oración en la cual platicaba con Dios de “cara a cara”, como ella decía, desde niña tuvo un don especial para comunicarse con Él como una hija con su Padre, la oración fue su apoyo y su sostén durante toda su vida. Fue marcada con el signo de la cruz que desde su infancia llevó con gusto por amor a Jesús. Tuvo la capacidad de escuchar en el corazón el deseo de Dios y del Corazón de María haciéndola más sensible, cercana y atenta a las necesidades de la sociedad.  Su salud física no fue muy buena, pero esto no le impidió entregar su vida y estar al servicio de los demás, vivía una confianza sin límites que la mantenía alegre en medio del dolor. Reflejaba un amor tierno y maternal en su trato con las hermanas. Quiso y fue misionera y madre de misioneras que perpetuaran en la Iglesia, después de su muerte, sus ansias de apostolado.  Entregó su espíritu a Dios el 16 de agosto de 1961 en la ciudad de México.

MADRE MARÍA DEL CONSUELO GAYÓN Y SOLÓRZANO

Primera Superiora General

Nació la M. María del Consuelo Gayón y Solórzano en la Ciudad de México, el 11 de enero de 1895.

En el mes de octubre de 1920 ingresa a la casa de la Condesa con otras seis señoritas, comenzando desde ese momento una vida de trabajo y oración. Ante la ausencia de la señorita Carmen Serrano, se queda al frente de la naciente Congregación. En enero de 1921, al incorporarse a la comunidad la fundadora, le hace entrega del cargo de superiora.

Inicia el noviciado en septiembre de 1922 y en agosto de 1923, siendo novicia, es nombrada nuevamente superiora. El 25 de marzo de 1924, hace sus primeros votos, y en febrero de 1925 la pequeña Congregación comienza su largo peregrinar en donde la M. Consuelo sería la capitana de la nave Cordimariana por los siguientes 27 años, para lo cual Dios la había dotado grandes cualidades y virtudes: piedad ilustrada, prudencia y discreción a toda prueba, energía y suavidad, firmeza de carácter, humildad sin opacamiento, entrega total a la Obrita Cordimariana con un gran celo apostólico; una confianza ilimitada en Dios y al Inmaculado Corazón de María.

Como maestra de novicias fue una verdadera madre, tierna y cariñosa que enseñó a sus formandas a poner los ojos y el corazón en Aquel a quien ella amaba y consagró toda su vida. Una vez puesta la Congregación en sus manos, como superiora general, tocó puertas y luchó por todos los medios para poder llevar a tierra firme la Obrita Cordimariana.

Cumpliendo fielmente con la misión encomendada por Dios y el Inmaculado Corazón de María, entró a la casa del Padre el 10 de noviembre de 1951.