¿En qué Evangelio creo?

Conviértete y Cree en el Evangelio.

Hoy al participar de la Misa, cuando el sacerdote me impuso las cenizas y me dijo la frase que titula este post, me pregunte: ¿Qué significa creer en el Evangelio?

Me fui del templo dando vueltas a esto y aun ahora sigo en ello. ¿Qué es creer en el Evangelio?

Creer en el Evangelio es, sobre todo, creer en que Jesus es el Cristo. Es creer que no estás solo en esta vida, que Dios camina al lado nuestro y está con nosotros a cada momento. Un Dios que conoce de primera mano nuestras

necesidades y limitaciones, porque ha vivido entre nosotros, porque ha muerto por nosotros.



Creer en el Evangelio es, como lo hizo Francisco de Asís, renunciar a un modo de vida y adoptar el de Jesús de Nazaret. Es ver en cada cerro, en cada ser vivo, en cada océano, en cada lago, un atisbo de la obra de Dios. Es alabarlo en sus creaturas, en su creación. Creación que es la mayor y mejor prueba de su existencia.



Creer en el Evangelio es poder mirar a los otros, no como extraños, sino como Hermanos. Es quedarse mudo ante la cruz, inclinar la cabeza y reconocer que poco soy delante de Dios.

Francisco de Asís, creyó, como pocos, en ese Evangelio. En el que le decía que no se preocupara por lo material, por la comida o el vestido. El que le decía que Dios es Amor, sumo bien, todo bien.



El Evangelio que le enseñó a vivir el día a día, a preocuparse solo por el presente, a trabajar por el futuro, pero poniéndolo en manos de Dios.



¿En qué Evangelio creo? Creo en el Evangelio de la igualdad, de la Caridad, que es sobre todo, amor para con el otro. Creo en Evangelio que me dice que aunque todos me abandonen, Él no me abandonará. Creo en Jesus, el Dios vivo, que se hizo pequeño por amor y por amor fue torturado y asesinado en una cruz. Creo en el Evangelio de la Vida Eterna. Y ya no temo a nada porque “si Dios está conmigo quien podrá contra mí?” (Rm 8,13)

Que esta Cuaresma que hoy comienza se un tiempo de silencio, de poder hacer silencio del mundo para escuchar al Dios que habla en la brisa. Que sea un tiempo en el que, como decía la lectura, “desgarremos nuestro corazón y no nuestras vestiduras, un tiempo en el que volvamos al Señor que es Bondadoso y Compasivo. (cf, Joel 2, 13)

Paz y Bien

Buena Cuaresma



Gabriel López Santamaría



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